FRANCISCO ESPINOSA

 

Licenciado en Historia, se ha especializado en la etapa de la Guerra Civil y el franquismo, temáticas sobre las que versa la mayor parte de sus publicaciones y participaciones en encuentros científicos nacionales e internacionales. Entre estos últimos destacan: IV Encuentro de Investigadores del Franquismo (Valencia, 1999), La España de Franco (Universidad Complutense, 2002), La represión franquista (Universidad Pompeu Fabra, 2002) y La reivindicación de la memoria (Sevilla, 2003).  

Publicaciones.  

Su último libro, La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz (Barcelona, ed. Crítica, 2003), ha sido considerado por la crítica especializada como una de las mejores contribuciones al conocimiento de la Guerra Civil. Antes había publicado:

La guerra civil en Huelva, Huelva, Diputación Provincial, 1997 (3ª Ed.).

La justicia de Queipo. Violencia selectiva y terror fascista en la II División en 1936, Sevilla, Centro Andaluz del Libro, 2000.

Ayamonte, 1936. Diario de un fugitivo. Recuerdos de Miguel Domínguez Soler, Huelva, Diputación Provincial, 2001 (con Manuel Ruiz Romero).

El oficio de vivir. Imágenes de un siglo (Tierra de Barros, 1865-1977), 2 vols., Los Santos de Maimona, 1995 (con Manuel Pinilla Giraldo).

 Desde 1997 ha publicado, asimismo, más de 30 artículos sobre el desarrollo de la guerra y la represión franquista en Andalucía y Extremadura.

 

      La columna de la muerte. 1936, Badajoz bajo el terror fascista

 

 Lo que llamamos guerra civil contiene y encubre un golpe militar que triunfó en medio país, en el que no hubo guerra alguna sino sólo represión. Badajoz fue una de las provincias en las que se dieron ambas situaciones y en la que, según la historiografía posterior, todo quedó reducido a una serie de “operaciones militares” mediante las cuales quienes habían decidido acabar con la República controlaron poco a poco el territorio. Lo cierto es que la decisión de llegar a Madrid por Badajoz con el ejército de África en cabeza convirtió a esta provincia, que no en vano era la avanzadilla de la reforma agraria, en un campo de prueba de los planes golpistas. Antes de que la sublevación cumpliera un mes ya habían caído Mérida y Badajoz. Y en dos meses la mitad occidental de la provincia fue engullida por los sublevados, que tuvieron que ocupar pueblo a pueblo, en medio del desmoronamiento y recomposición del Estado republicano. Transcurridos casi setenta años de aquellos hechos y habiéndonos librado muy lentamente y sólo en parte de la memoria que el franquismo nos legó, parece que por fin, aunque con evidente retraso por lo que respecta a Badajoz, ha llegado la hora de acudir a las fuentes primarias, de recoger la memoria viva de aquellos hechos y de devolver a la sociedad su propia historia.