IV JORNADAS DE HISTORIA EN LLERENA
JUAN
LUIS DE LA MONTAÑA CONCHINA
Doctor
en Historia, especialidad Historia Medieval. Profesor del Departamento de
Historia de la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Entre
sus publicaciones se halla el libro La Extremadura cristiana:
poblamiento, poder y Sociedad (1142-1350)
(Cáceres, 2003) y los artículos: “La Extremadura Cristiana (1142-1230).
Ocupación del espacio y transformaciones socioeconómicas” (Historia, Instituciones y Documentos,1994), “Sistemas defensivos y
repoblación en Extremadura” (Castillos
de España, 1997), “Iglesia y repoblación. La red parroquial de la
Transierra extremeña (1142-l350)” (Anuario
de Estudios Medievales, 1998), “Ocupación del espacio, creación de
paisajes y economía de frontera en la Transierra extremeña (1142-1247)” (II
Congreso Internacional sobre Estudios de la Frontera, Jaén, 1998),
“Humanización y transformación del medio natural en la Baja Extremadura
(siglos XIII-XIV) (El medio natural en la
España Medieval, Cáceres, 2001) y “El campesinado en la Extremadura de
la Edad Media: Tierra, familia, señorío y solidaridades” (Actas
de las II Jornadas de Historia Medieval de Extremadura, Cáceres, 2002).
Medio
natural y desarrollo agrario en el partido de Llerena en la Edad Media
A
lo largo de los siglos medievales el partido de Llerena es uno de los espacios
extremeños que mejor reflejan la dinámica de crecimiento económico y social
en el que se encuentran embarcadas otras áreas peninsulares y europeas. El
crecimiento, fundamentalmente, agrario, significa un relanzamiento de prácticas
económicas derivadas de la explotación de la tierra, un aumento de las
roturaciones y un crecimiento de la población. Sin embargo, este crecimiento
econ0mico, tiene unos costes. El desarrollo agrario de la Baja Edad Media se
produce a partir de una profunda transformación del medio natural. La actuación
humana, en este sentido, se presenta como la causa fundamental. Así,
agricultura y ganadería se alternan para imprimir sobre el primitivo bosque
profundas e incluso irreversibles mutaciones en aras de unas necesidades e
intereses económicos claramente definidos.
Por otro lado, la intervención humana en el medio se traduce en dos
realidades que nos permiten hablar de un equilibrio hombre/recursos sólo roto
excepcionalmente. La primera cuestión de fondo que implica la humanización del
medio natural es la creación de paisajes en sintonía no sólo con las
necesidades humanas sino con el propio entorno. Las dehesas, espacios no sólo
dedicados a la ganadería sino vitales también para la agricultura y la obtención
de otros recursos, se convierten en el mejor ejemplo de este proceso de modelación.
En segundo término, una intervención continua sobre el medio natural implica
disparar el proceso en el que el agotamiento de los recursos condicionarán las
poblaciones futuras. Esta realidad va a provocar la puesta en marcha de medidas
y actuaciones tendentes a preservar las áreas de recursos. De ambas realidades
se deducen normativas orientadas al cuidado y la forma en la que las
roturaciones intervienen en el medio, y también procesos, pleitos y
enfrentamientos entre comunidades que aspiran a mantener cuando no a conseguir más
recursos.