IV JORNADAS DE HISTORIA EN LLERENA
MANUEL
MARTÍN BURGUEÑO
Dentro de la historia de Extremadura ocupa Llerena un lugar muy singular
debido a muy diversos acontecimientos que han discurrido en su espacio
convivencial. Entre ellos, el que se ha venido en llamar "Cisma de Llerena".
Desde Arturo Gazul hasta Manzano Garías u Horacio Oliva, entre los más próximos,
y B. Llorca o Francisco Martín, entre los de mayor estilo, muchos han sido los
que han reparado en este episodio de la Llerena del siglo XIX, cuyo conocimiento
da muchas de las claves para la comprensión de la Llerena contemporánea, atada
por la fuerza del destino a fuerzas a veces un tanto alejadas de la luz y brillo
de otras muchas páginas de su pequeña historia.
El Cisma de Llerena tuvo su origen externo en la repulsa hacia las decisiones
pontificias recogidas en la Bula Quo Gravius del papa Pío IX. En su
intrahistoria el Cisma tuvo mucho que ver con los deseos humanos de unos pocos
de, a todo trance, mantener privilegios añejos, que el paso del tiempo mostraba
obsoletos e inservibles para la modernización de España.
El debate rebasó los extremos de lo tolerable. En Llerena vivía el llamado
cura Maesso, cabeza visible del Cisma y alto dignatario de la Orden de Santiago.
Era hombre ducho en las antesalas del poder eclesiástico y muy hábil en el
recorte de los distingos jurídicos. El grito de rebelión que congregó en su
torno a un muy crecido número de eclesiásticos, fue el mantenimiento del
privilegio de la jurisdicción exenta con la que se regía todo el extenso
territorio del Priorato de Llerena.
Ni la repercusión del hecho en el aspecto religioso, ni las ciegas
intervenciones de los más pusieron fin transparente a la aventura de aquel
Cisma, donde se mezclaron por desigual chispazos del más craso aldeanismo con
los más cualificados recursos a las supremas instancias de la Nación.